Máscaras

Cada rostro cuenta una historia, vive un presente y está condenado a un destino.

Las máscaras de Teatro Strappato nacen, como sus espectáculos, en un taller artesanal en el que se modelan con barro, madera y cuero rostros de personajes vivos.

Estas peculiares esculturas en cuero que son las máscaras requieren un proceso de elaboración complejo y articulado. El rostro de cada personaje ha de ser proyectado y diseñado con el fin de obtener una máscara armónica con el movimiento del actor y el personaje que interpreta.

Nuestro maestro, Donato Sartori, de quien aprendimos las técnicas de elaboración de estos mágicos objetos suele decir que la máscara no es ni un retrato, ni una caricatura, sino lo que se encuentra a mitad de camino entre el uno y la otra.

Una vez obtenido este delicado equilibrio en el diseño, se procede a la modelación en barro de la máscara a medida del actor que la utilizará, posteriormente se realizan pruebas en papel-maché y cuando se obtiene el rostro definitivo del personaje se procede a la escultura en madera del molde sobre el cual podrá ser modelada la que será una segunda piel para el actor: la máscara en cuero.

Cecilia Scrittore y Vene Vieitez diseñan y realizan todas las máscaras de Teatro Strappato en un “taller ambulante” que viaja por el mundo con ellos, unas maletas llenas de martillos de cuerno, cuero, instrumentos de modelación, tintes, hilos, agujas, gubias, cuchillos y carpetas llenas de dibujos y fotos de cráneos, narices, ojos, orejas, bocas que van aumentando con los rostros encontrados en el camino.

LA MÁSCARA COMO TEATRO DE FIGURA

Las máscaras en las que Teatro Strappato se ha especializado y en las que centra su investigación son las medias máscaras. Hemos descubierto en ellas un enorme potencial trágico y una fuerza expresiva única para el teatro mudo. La media máscara se suele enjaular en una idea museística de la Commedia dell’Arte, esto es como pensar que todos los títeres, el teatro de figura y las marionetas de guante tradicional son la misma cosa. Sin embargo hoy en día podríamos afirmar que las innovaciones e investigaciones técnicas más interesantes de hecho se están llevando a cabo precisamente en el amplio universo del teatro de figura. Una investigación que no se detiene en la experimentación meramente estética sino que crea nuevos modelos narrativos y expresivos.

El alma de una expresión artística se halla en las intenciones que el artista pone en la creación. En este sentido en Teatro Strappato nos sentimos más artesanos del teatro de figura que meros actores. La generosidad y devoción que requieren un objeto o una marioneta para cobrar vida es la misma que requiere una máscara, a fin de cuentas es un simple trozo de cuero que guardado en un baúl no es nada mientras que “manipulada” en escena se convierte en un personaje, en un alma que necesita comunicar, en una historia. De hecho en nuestra visión la máscara no es solo una pieza con la que el actor cubre su rostro, sino que es un elemento que puede vivir inclusive siendo manipulado como una marioneta. Esta es la magia del teatro: un rostro no necesita ni tan siquiera un cuerpo para estar vivo, para emocionarse, para emocionar.

LA MÁSCARA Y EL GESTO

Cada creación de Teatro Strappato es una investigación, un viaje cuyo fin ultimo es conectar de forma intima y profunda con cada uno de los miembros del público. El trabajo de universalización del mensaje y el código comunicativo nos acerca a la máscara, a rostros irreales, de cuero, geométricos pero arquetípicos, incisivos y vivos en el imaginario colectivo. La creación de estas máscaras es la primera fase artesanal que Teatro Strappato lleva a cabo en la construcción de los personajes. Una vez creado este potente objeto de cuero inicia la creación de un lenguaje, una gramática, una forma de hablarle al mundo y es entonces cuando nace el gesto: esencial, universal y lejano a la pantomima. En ese momento los personajes dejan de hablar porque las palabras se hacen limitantes, innecesarias y banales. La fuerza del cuerpo del actor que no narra sino que hace que la historia ocurra, rompe los filtros de la dialéctica y desvela el alma de los personajes.